Aunque no lo parezca
siempre hay alguien que está esperando a que aparezcamos en su vida y nosotros
también esperamos a gente. Es lo natural, la vida es así. La vida es como un
viaje en colectivo, nosotros entramos al colectivo y ya hay gente ahí, están
nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos, amigos y mucha gente más de la cual
aprendemos mucho. Pero todos los colectivos tienen paradas donde se baja
alguien muy querido y sube otro. Hay personas que esperamos que nos acompañen
toda la vida pero lo más probable es que no pase eso. Todos esperamos que
llegue esa parada en la que se suba el amor de nuestras vidas, aunque hay veces
en la que ya subió y no nos dimos cuenta.
En mi colectivo cuando subí
no había muchas personas, a decir verdad había tres personas. Pero a medida que
fui creciendo más personas se subieron. Pero en el colectivo subió un gato.
Un gato negro para ser
exactos.
Un gato que me cambio la
vida y la manera de pensar.
Y que por suerte se subió
en el momento en que más lo necesitaba.
Era de noche y venia de
un funeral. No cualquier funeral, sino que fue uno de los que más me hizo
sufrir. El de mi abuela.
Ella me había criado a mí
y a mi prima mientras mi madre trabajaba. Ella fue quien me enseñó a leer y a
escribir. Ella nos cuidaba todos los días después del colegio y nos divertíamos
mucho con ella. Pero ya había viajado mucho tiempo, ochenta y nueve años para
ser exactos, los cuales veinticuatro compartió conmigo.
Ese día llovía a cantaros
y cuando estaba por entrar a mi pequeña casa de soltero vi algo que no me
esperaba, un pequeño gato negro que estaba en la puerta de mi casa.
Era recién nacido y me
fije para todas partes si encontraba a su mama. Al no ver señales de la madre
lo agarre y lo puse en mis brazos como si fuera un bebe sin pensarlo dos veces,
si lo dejaba solo ahí seguramente se moriría. Lo entre a mi casa y le di un
poco de leche en una tapa de café que tenia por ahí.
El pobre gato era tan
chiquito que casi no se podía parar y bebió la leche lentamente hasta dejar la
tapa de café casi vacía.
Era de noche y sabía que
no iba a encontrar ninguna veterinaria abierta a esa hora así que decidí que el
gato se quede a dormir en mi casa esa noche y al día siguiente llevarlo a una
veterinaria para ver si el pobre gatito estaba bien de salud. Después de todo
un poco de compañía no me haría nada mal y menos después de ese día tan malo
que había tenido.
Agarre una frazada vieja
que ya no usaba y la puse en una caja bastante grande para que el gato pueda
dormir calentito y cómodo por la noche. Lo coloque suavemente dentro de la
caja.
Él se durmió rápidamente,
en cambio yo no dormí casi nada en toda la noche. Tenía muchos pensamientos en
mi cabeza como para poder dormir tranquilo, por un lado recordaba los viejos
momentos en el que vivía feliz con mi abuela y mi prima y por el otro pensaba
que iba a hacer con este gato. Lo mas probable seria que mañana lo dejara en la
veterinaria o a alguien que sabia que lo iba a cuidar bien. Eso si que seria
una difícil tarea ya que en estos momentos a muy pocas personas les interesan
los animales.
Me dormi con dificultad y
a la mañana siguiente me sentía mas agotado que antes. El gato me había despertado
unas cuantas veces porque empezaba a maullar. En esos momentos me daban ganas
de agarrarlo y tirarlo por la ventana para que no moleste mas y me deje dormir
tranquilo. Sin embargo, cada vez que maullaba iba y le hacia mimos para que se
duerma por al menos una hora mas.
Al despertarme, diez
minutos mas tarde de lo normal, me apure en cambiarme y en afeitarme para no
llegar tarde al trabajo, pero luego me acorde que tenia un problema. Un
problema que todavía no tenia nombre pero si forma. Forma de gato.
Lo agarre con un brazo
mientras que con el otro llevaba el maletín donde llevaba las cosas con las que
tenia que trabajar. No sabia que hacer con el gato hasta que me acorde de algo,
mejor dicho de alguien. Abril, una amiga del colegio que estudio veterinaria.
Hacia unos meses me había
dado la dirección de la veterinaria en donde trabajaba. Siempre fue muy buena
conmigo y con los animales y espero que pueda quedarse con el gato.
Agarre la tarjeta de su
veterinaria que estaba en la puerta de la heladera pegada con un iman y sali
corriendo directo al trabajo.
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