miércoles, 20 de mayo de 2015

Capitulo 1


Aunque no lo parezca siempre hay alguien que está esperando a que aparezcamos en su vida y nosotros también esperamos a gente. Es lo natural, la vida es así. La vida es como un viaje en colectivo, nosotros entramos al colectivo y ya hay gente ahí, están nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos, amigos y mucha gente más de la cual aprendemos mucho. Pero todos los colectivos tienen paradas donde se baja alguien muy querido y sube otro. Hay personas que esperamos que nos acompañen toda la vida pero lo más probable es que no pase eso. Todos esperamos que llegue esa parada en la que se suba el amor de nuestras vidas, aunque hay veces en la que ya subió y no nos dimos cuenta.
En mi colectivo cuando subí no había muchas personas, a decir verdad había tres personas. Pero a medida que fui creciendo más personas se subieron. Pero en el colectivo subió un gato.
Un gato negro para ser exactos.
Un gato que me cambio la vida y la manera de pensar.
Y que por suerte se subió en el momento en que más lo necesitaba.
Era de noche y venia de un funeral. No cualquier funeral, sino que fue uno de los que más me hizo sufrir. El de mi abuela.
Ella me había criado a mí y a mi prima mientras mi madre trabajaba. Ella fue quien me enseñó a leer y a escribir. Ella nos cuidaba todos los días después del colegio y nos divertíamos mucho con ella. Pero ya había viajado mucho tiempo, ochenta y nueve años para ser exactos, los cuales veinticuatro compartió conmigo.
Ese día llovía a cantaros y cuando estaba por entrar a mi pequeña casa de soltero vi algo que no me esperaba, un pequeño gato negro que estaba en la puerta de mi casa.
Era recién nacido y me fije para todas partes si encontraba a su mama. Al no ver señales de la madre lo agarre y lo puse en mis brazos como si fuera un bebe sin pensarlo dos veces, si lo dejaba solo ahí seguramente se moriría. Lo entre a mi casa y le di un poco de leche en una tapa de café que tenia por ahí.
El pobre gato era tan chiquito que casi no se podía parar y bebió la leche lentamente hasta dejar la tapa de café casi vacía.
Era de noche y sabía que no iba a encontrar ninguna veterinaria abierta a esa hora así que decidí que el gato se quede a dormir en mi casa esa noche y al día siguiente llevarlo a una veterinaria para ver si el pobre gatito estaba bien de salud. Después de todo un poco de compañía no me haría nada mal y menos después de ese día tan malo que había tenido.
Agarre una frazada vieja que ya no usaba y la puse en una caja bastante grande para que el gato pueda dormir calentito y cómodo por la noche. Lo coloque suavemente dentro de la caja.
Él se durmió rápidamente, en cambio yo no dormí casi nada en toda la noche. Tenía muchos pensamientos en mi cabeza como para poder dormir tranquilo, por un lado recordaba los viejos momentos en el que vivía feliz con mi abuela y mi prima y por el otro pensaba que iba a hacer con este gato. Lo mas probable seria que mañana lo dejara en la veterinaria o a alguien que sabia que lo iba a cuidar bien. Eso si que seria una difícil tarea ya que en estos momentos a muy pocas personas les interesan los animales.
Me dormi con dificultad y a la mañana siguiente me sentía mas agotado que antes. El gato me había despertado unas cuantas veces porque empezaba a maullar. En esos momentos me daban ganas de agarrarlo y tirarlo por la ventana para que no moleste mas y me deje dormir tranquilo. Sin embargo, cada vez que maullaba iba y le hacia mimos para que se duerma por al menos una hora mas.
Al despertarme, diez minutos mas tarde de lo normal, me apure en cambiarme y en afeitarme para no llegar tarde al trabajo, pero luego me acorde que tenia un problema. Un problema que todavía no tenia nombre pero si forma. Forma de gato.
Lo agarre con un brazo mientras que con el otro llevaba el maletín donde llevaba las cosas con las que tenia que trabajar. No sabia que hacer con el gato hasta que me acorde de algo, mejor dicho de alguien. Abril, una amiga del colegio que estudio veterinaria.
Hacia unos meses me había dado la dirección de la veterinaria en donde trabajaba. Siempre fue muy buena conmigo y con los animales y espero que pueda quedarse con el gato.
Agarre la tarjeta de su veterinaria que estaba en la puerta de la heladera pegada con un iman y sali corriendo directo al trabajo. 

El Caso Westerfeld

Estamos con el investigador Ryan McConaughey en el lugar donde ocurrió el asesinato del multimillonario Westerfeld. No tenía ningún pariente cercano y vivía sólo en su enorme casa. La sirvienta descubrió su cadáver tirado en el piso cuando llegó hoy a la mañana. De inmediato llamó a la policía.

Aparentemente falleció por envenenamiento. Nadie más que Ryan sabe que veneno fue el utilizado para dejarlo muerto. Sus últimas horas las paso con su mejor amigo y heredero, Daniel McConaughey, en un restaurante muy conocido que acaba de reinaugurarse hace unos pocos días.

Los sospechosos son Gabriel Painter, un muy reconocido chef dueño del restaurante donde habían comido Westerfeld y su amigo la última noche. El otro sospechoso es Daniel McConaughey, mejor amigo y heredero de todas sus riquezas, tiene una fábrica a la que no le está yendo muy bien.

Tenemos que buscar respuestas- me dijo Ryan mientras se aseguraba de que no haya ningún rastro del asesino.

Fuimos hacia el reconocido restaurante para hacerle unas preguntas al chef.

-¿Tuvo alguna relación con el asesinado?- dijo Ryan

-Él fue quien hizo que me clausuran el año pasado. Invento rumores de que había ratas en la cocina. Además le pagó a una persona para que me clausuró el lugar. Era una persona muy mala, y por parte me alegro que se haya muerto pero creo que nadie se merece morir.

-¿Con que razón lo invito ayer a la noche a que cene aquí?

-Aunque lo odié, me parecía bien hacer las paces con él. Era una persona muy poderosa y si quería podía mandarme a la bancarrota así que preferí ofrecerle una cena gratis.

-Necesito ver la cocina para verificar que no haya nada sospechoso. Entramos en la cocina y tras asegurarnos que no había ningún rastro de veneno o algo insalubre allí.

Nos despedimos y nos fuimos.

El próximo lugar donde teníamos que ir era a la casa de Daniel. Es el hermano menor de Ryan pero no tienen relación desde que lo engañó para quedarse con la fábrica. Ryan lo odia desde entonces. La fábrica es de veneno de ratas. Fue fundada por su padre y al fallecer paso a ser de los dos. Llegamos a su departamento y tocamos el timbre. Él nos abrió a la fuerza ya que no quería que su hermano pase a su casa.

Al entrar en su departamento vimos que estaba hecho un desorden y lleno de cosas. Se le notaba en la cara que estaba deprimido.

-¿Es cierto que ese dinero que regresaste te serviría para reanimar la fábrica?

-No inventes cosas. Sabes muy bien que yo no lo mate.

-¿Sabes cómo fue asesinado?

-No lo sé.

-Se le inyectó veneno de rata en las venas. El veneno que tú fábricas. Ya prácticamente eres el culpable ya que eres el heredero y última persona que lo vio con vida. Seguramente mañana a la mañana la policía venga por vos.

Nos fuimos sin esperar respuesta. Sabía que eso le iba a pegar fuerte a Daniel.

No tardamos en llegar a la casa de Ryan. Entramos y le hice una pregunta que no tardó mucho en responder.

-¿Sabes quién fue?

-Si.

Estuvimos ahí durante unos minutos cuando llamaron a Ryan para avisarle que su hermano se había quitado la vida tirándose del balcón.

Volvimos a la casa de Daniel. Vimos que en la calle había sangre y decidimos quedarnos ahí observando la escena.

Ya se habían llevado el cadáver y en la calle no había nadie más que nosotros dos.

-¿Él fue el asesino?

-El asesino mato a Westerfeld y esto hizo que deje como heredero de sus riquezas a Daniel. Daniel se suicidó por ser acusado del asesinato de su mejor amigo y por el estrés que le generó que la fábrica este por cerrar. Esto dejó como heredero de la riqueza de Westerfeld y de la fábrica a él asesinó. Se hizo millonario de un día para el otro.

-Entonces el asesino eres tu- le dije con sorpresa.

-Correcto- dijo sacando un arma y luego me disparo.

Caí enseguida y lo último que vi fue al el corriendo.